Destacamos: el ambiente Lisboeta rebosando vida y cultura, el larguísimo rio Tajo y los miradores de esta luminosa ciudad.
La entrada a Lisboa en coche ya es todo un espectáculo, nosotros veníamos desde Badajoz y entramos por el puente rojo, el Ponte 25 de abril. Nos dirigiamos al Barrio Alto que es donde debiamos encontrar nuestro alojamiento.
Para situarnos en Lisboa dividimos la ciudad en los cinco barrios que ibamos a visitar, y de hecho son los que casi todo el mundo visita: el barrio alto, Baixa, Alfama, Belén y el Parque de las Naciones. Nuestro alojamiento estaba a 100 metros del mirador de San Pedro de Alcantara, y allí fue donde nos encontramos con nuestro casero que nos acompañó hasta el piso, os dejamos enlace a nuestro piso en el Barrio Alto de Lisboa, muy céntrico y espacioso, el problema es aparcar pero dejamos el coche en un párking de pago cercano y allí se quedó hasta el último día.

Esa tarde la dedicamos a curiosear nuestro Barrio, incluso aventurarnos hasta Chiado o La Baixa. En Chiado nos hicimos la foto junto a la estatua de Pessoa en la puerta del Café Brasileira, vimos circular el tranvia 28 y disfrutamos en la librería más antigua del mundo “La Livreria Bertrand”.

Al atardecer recorrimos las empinadas calles del barrio alto y encontramos muchas opciones donde parar a cenar, en la mayoría de ellas ofrecian fado durante la cena. No tendréis problema ninguno, en cualquiera de los locales hay mesas en las calles o en el interior con fado. Nosotros nos decidimos por descansar pronto y madrugar al día siguiente, ya que teniamos pensado un reto que fue recorrer por la orilla del Tajo desde la Plaza de Comercio hasta la Torre de Belén. Para ello, optamos por alquilar patinetes.

Hay que descargarse un aplicación en el móvil desde dónde pagas y puedes cogerlo en un sitio y devolverlo en otro. Nosotros cogimos cuatro patines porque nuestro peque lo compartió con su padre. Y la verdad fue un recorrido muy aconsejable, lo disfrutamos mucho, parando allá donde algo nos llamaba la atención hasta llegar a la Torre de Belén.

La Torre de Belén puede que sea el edificio más característico de Lisboa, una torre defensiva construida en el S XVI y declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Trás su visita nos dirigimos hacia el cercano Monasterio de los Jerónimos, solo ver su fachada ya impresiona, también declarado Patrimonio de la Humanidad. Y de allí directitos a “Pastéis de Belém”, para probar los famosísimos pasteles de Belén, cuya receta secreta es originaría del mismo monasterio.
A la pregunta vale la pena hacer la larga cola para probar los pasteles, la respuesta es sí…. además si os coincide podéis comer allí, al igual que tienen los dulces tienen una carta con especialidades saladas y todo está muy rico.
Para volver al centro de Lisboa lo hicimos en tuk-tuk y nos llevó a uno de los miradores más espectaculares de Lisboa, el mirador “da Senhora do Monte”, de hecho es el más alto y merece la pena porque las vistas son únicas.

Esa noche fuimos desde el Barrio Alto hasta el Mercado da Ribeira para cenar, el mejor consejo es que os pongáis calzado cómodo porque son 15 minutos de bajada casi en picado que, después, hay que volver a subir. Pero bueno, vale la pena, el Mercado es un sitio de moda y una oportunidad única para probar la gastronomía portuguesa concentrada en un solo lugar, como ya es habitual en muchas grandes ciudades el Mercado tiene un montón de mesas al centro y en los puestos de alrededor puedes encontrar de todo, desde los mejores chefs de Portugal hasta sushi, comida vegetariana o postres y helados.

Y, para nuestro útlimo día nos dejamos lugares tan emblemáticos como la Plaza de Rossio, en una de cuyas esquinas se encuentra la estación Central del tren, cuyos techos interiores fueron diseñados por el mismo Eiffel y desde el que salen los trenes que van a Sintra. O la Plaza del Comercio, a la vera del rio Tajo, con su imponente arco de triunfo, testigo de los acontecimientos históricos más importantes de la ciudad incluso del pais.

De ahí pasamos al Barrio de Alfama donde se encuentra la Catedral de Lisboa, el Castillo de San Jorge o el Museo del Fado. Es un barrio pescador de origen árabe en el cual se respira la esencia esta ciudad, en sus placitas hay vendedoras de la famosa Ginja, un licor dulce de guindas típico de Lisboa.

Y, no queriamos irnos de Lisboa sin dar un paseo por el Parque de las Naciones. Es el barrio más diferente y nuevo de Lisboa, construido para albergar la Exposición Universal de 1998. La estación Puerta de Oriente de Santiago Calatrava es la puerta de entrada a la derecha está uno de los Oceanarios más grandes de Europa. En el paseo, a la vera del rio Tajo, hay muchos restaurantes, pero nosotros acudimos a D’Bacalhau que nos lo habia aconsejado Ana, una amiga Lisboeta, para probar varios tipos de bacalao cocinados al modo portugués.

Os dejamos el enlace a D’Bacalahau en el Parque de las Naciones, pero veréis en su web que tienen otro restaurante en Chiado, por si os pilla más a mano. La verdad, es que estuvo muy bien la cena y probamos varias maneras de cocinar este exquisito pescado atlántico.
Y, así nos despedimos de Lisboa, ya que al día siguiente partiamos hacia el ALENTEJO. Os invitamos a leer nuestro periplo por esta hermosa y salvaje comarca portuguesa.



